Empecemos con nuestro pequeño diccionario. Un antihistamínico es un medicamento que actúa inhibiendo la acción de la histamina, por eso se llama así1.
¿Qué es la histamina? Pues es una sustancia de nuestro cuerpo derivada de un aminoácido llamado histidina. La histamina se almacena en las células de nuestro sistema inmunitario. Durante una reacción alérgica, se libera histamina1,2.
En la nariz, por ejemplo, es la histamina la que estimula las terminaciones nerviosas sensoriales (picor y estornudos) y aumenta las secreciones, como el goteo nasal1,2. En la piel dilata los vasos y su acción puede provocar picor, hinchazón y enrojecimiento1-3.
Ahora sí, ¡volvamos a los antihistamínicos! Actúan inhibiendo la acción de los receptores de histamina, que son proteínas de nuestro organismo. De este modo no afectan a la producción de histamina en sí, sino que inhiben la unión de la histamina al receptor2. En otras palabras, el antihistamínico actúa rompiendo esta cadena, impidiendo que la histamina actúe y desencadene así todos los síntomas de las alergias2.
Cabe destacar que la histamina interactúa con cuatro receptores diferentes en nuestro organismo: H1, H2, H3 y H4. A lo largo de este artículo nos centraremos en los receptores H1, que están muy implicados en diferentes procesos alérgicos2.